10 septiembre 2011

Establecida

Bueno, después de unos días de ausencia vuelvo para contar un poco cómo va la cosa por aquí: El miércoles por fin me mudé a mi nuevo hogar, 6 euros de taxi para ir a la vuelta de la esquina, ¡pero bueno!, ya por fin establecida. Antes de irme de la residencia, saqué algunas fotos desde la habitación para tenerlas de recuerdo; unas vistas maravillosas de la iglesia de St. Patrick y su  jardín.


Después de colocar la ropa en el armario haciendo uso de mis habilidades adquiridas jugando al Tetris, toca vuelta por los alrededores de Maynooth, en la que aparte de mucho campo verde y árboles también vi un obelisco perdido en medio de la nada entre Maynooth y Celbridge, el pueblo de al lado. Como soy tan lista se me olvidó llevar la cámara, así que pongo una foto que encontré por ahí: Conolly's Folly (Gracias Ross)


Hacía un día estupendo pero como suele ocurrir aquí, de repente empezó a llover a mares, así que tocaba vuelta a casa a terminar de adecentar un poco la habitación que por fin empezaba a parecer la de una persona normal. La dueña de la casa dejó un nórdico para cada habitación y sábanas, aparte de algo de comida y... ¡dos botellas de vino!... Si es que realmente es adorable esta mujer, jaja. 

En teoría no iba a tener internet, puesto que tenemos que contratarla y aún no lo hemos hecho, pero desde el diván de la ventana podemos robar un poco de la conexión del hotel que tenemos al lado, así que mientras tanto vamos tirando con ésto. ¡Parecemos delincuentes ahí pegados a la ventana para poder coger red, jaja! Pero oye, si la tienen abierta, ¡pues muchas gracias!.

El jueves fue poco productivo, sólo salimos para comprar algo de comida y para tomar un café, aunque el día estaba realmente bueno y a penas llovió, cosa totalmente inédita desde que estoy aquí. Cuando fui a buscarme mi café de la mañana al Papa John's, me atendió un chaval hindú (o eso parecía) que enseguida me dijo: ¿española?. No pensé que fuera tan obvio, como soy blanquita igual pasaba desapercibida, pero parece que me falta el rubio/pelirrojo irlandés, jaja.

Y con esto llegamos al viernes, día en el que decidimos salir a catar la fiesta irlandesa. A las 9 de la noche quedamos todas para buscar un bar donde poder tomar una pinta de Guinness, mi primera, ¡qué emoción!. Después de dar un paseo y "meter el hocico" en un par de bares de los que salíamos corriendo viendo la cantidad de gente mayor (con perdón) que había (sí, mis abuelos son bastante más jóvenes que lo que se movía por ahí, jaja), terminamos en el O'Neill's, un pub típico en el que echaban un partido de rugby, pero nada de música. Nos tomamos nuestra primera cerveza y nos comimos unos manices antes de subir a la parte superior del bar, donde había una especie de sala-discoteca con música, muy bajita pero buena música. Para entonces ya nos habíamos percatado del camarero hindú que nos perseguía, pero fue bastante más sospechoso cuando también vino al piso de arriba y seguía paseándose alrededor nuestro... ¡miedito!. Nos tomamos otra cerveza arriba, y nos sacamos un par de fotillos para tener de recuerdo. He aquí algunas pruebas del delito:




Al estar la música tan baja, decidimos ir en busca de otro lugar, y cuál fue nuestra sorpresa cuando al salir del bar, el camarero nos da un papel con su número de teléfono para una de las chicas... ¡JAJAJA!, pobrecito, qué majo él... En fin, con todo nuestro entusiasmo entramos en el Caulfield's, otro bar en el que parecía que tampoco había música cuando... ¡un momento!: FIESTA PRIVADA. No sabíamos muy bien que hacer, porque la música nos llamaba, pero la puerta estaba cerrada... Fácil solución al asunto fue entrar y preguntarle/rogarle a la camarera si podíamos pasar, que sólo éramos cuatro chicas y nos portaríamos bien. Por supuesto la camarera no pudo decir que no, así que entramos por esa fiesta y nos sentamos en una esquina inspeccionando el terreno. Al cabo de un rato se nos acerca una de las pocas chicas jóvenes que había, ya estábamos pensando que nos iba a echar cuando... ¡nos invita a salir a bailar!... La adorabilidad de los irlandeses no tiene límites, jaja.

Después de pasar la noche bailando tocaba descansar un poco, así que rumbo a casa después de comprobar que Irlanda no es un sitio en el que poder emborracharse a no ser que tengas mucho dinero, pues cada pinta de cerveza costaba ¡4 euros mínimo!...  

Y llegamos a hoy, sábado. Hoy por fin ha llegado Patri, la última compañera que faltaba, ¡así que ya estamos todas!. Chocolatito caliente y para casa después de recibirla... No sin  antes sacarnos una foto con el arquit... ¡con Thor!:

  
Me despido sin más dilación, esperando que la conexión del hotel siga disponible hasta que por fin tengamos la nuestra propia. La próxima semana hay planes de alguna excursión o movimiento, así que ¡les mantendré informados!.





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